Como dice mi hermana: “los problemas no son los mismos”.
Y parece una frase sencilla, pero tiene mucho más fondo del que aparenta. Hoy quiero interpretarla de la siguiente manera:
Todas las personas que conoces, que admiras, que te rodean —sin ninguna excepción— tienen problemas.
Como seres humanos, generalmente no tendemos a mostrarnos vulnerables. No solemos enseñar lo que nos duele, aquello donde nos aprietan los zapatos. A veces, porque sabemos que a la mayoría no le importa. Y otras, porque sabemos que incluso habrá quien se alegre de la mala racha por la que estamos pasando.
Pero el punto no es tanto ese.
Acostumbramos a mostrar los resultados y rara vez el proceso que hay detrás de ellos.
Personalmente, considero que no siempre es necesario demostrar tanta información, precisamente por las razones anteriores. Prefiero centrarme en el proceso, en cada paso, y dejar que los resultados hablen por sí solos, sean buenos o malos. Porque de todo se aprende.
Lo que realmente quiero puntualizar en el artículo de hoy es lo siguiente:
Todos tenemos problemas. Todos atravesamos situaciones difíciles. Incluso esa persona que más feliz se ve o que parece que tiene una vida perfecta. Los problemas pueden no ser los mismos, pero cada uno lleva su propia cruz
Una persona puede estar atravesando una muy mala racha y, sin embargo, lo único que tú ves desde fuera es que ha salido a comer a un restaurante bonito, está viajando, tiene el último modelo de iPhone y muchas otras cosas.
Si realmente conociéramos el contexto completo de la vida de los demás, en muchas ocasiones dejaríamos de desear la vida que tienen.
Porque lo único que vemos es la parte final. Lo bonito que todos decidimos mostrar. La parte que podemos compartir. La punta del iceberg.
Pero el estrés, la ansiedad, los problemas de salud, las noticias que lo cambian todo, los problemas de pareja, las dificultades en las relaciones familiares, los conflictos con amistades, las situaciones económicas complicadas, el desconsuelo, la desesperación…
Todo eso no se ve a simple vista.
Y, muchas veces, es precisamente la parte más importante de la historia.
Por eso, hoy quiero hacerte un llamamiento:
La próxima vez que pienses “qué bien le va a esa persona”, recuerda que no conoces toda su historia. Recuerda que los problemas no son los mismos, pero existen. Y que, aunque algunas cruces sean visibles y otras no, todos llevamos alguna.
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