Isabel Vandy Reo
tiempo estimado de lectura : 8
26 Oct
26Oct

¿Alguna vez has terminado el día con la sensación de haber hecho muchas cosas, pero de haber avanzado poco en aquello que realmente te importa?

Has respondido mensajes, resuelto pendientes, atendido compromisos… Apenas has parado. Sin embargo, eso que querías hacer sigue esperando.

A veces, llenamos tanto nuestros días que dejamos poco espacio para preguntarnos a qué estamos dedicando nuestro tiempo. Y, sobre todo, si todo lo que hacemos merece la misma atención.

Aquí es donde entra la regla 80/20.

El principio de Pareto, también conocido como la regla 80/20, plantea que una parte importante de los resultados suele proceder de una pequeña parte de las causas o los esfuerzos. Se suele expresar así: el 80 % de los resultados proviene del 20 % de las acciones.

Pero no hace falta que los porcentajes se cumplan exactamente. Tampoco es una fórmula que explique todo lo que ocurre en nuestra vida. Su utilidad está en recordarnos algo que podemos pasar por alto: no todo lo que hacemos tiene el mismo impacto.

Dedicar más tiempo a algo no siempre significa obtener mejores resultados. Y tener más tampoco significa, necesariamente, disfrutar más.

Si nos detenemos a observar, podemos encontrar ejemplos bastante cotidianos.


Lo que tienes y lo que realmente usas

Siempre me ha gustado comprar ropa y zapatos. Disfruto ir de compras y poder vestirme bien, cómoda y a mi estilo.

Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que muchas veces compraba por impulso, sin necesitar realmente lo que estaba comprando.

Al revisar mi armario, noté algo: tenía muchas prendas, pero acababa utilizando casi siempre las mismas. Esas con las que me sentía cómoda, que combinaban fácilmente y que encajaban conmigo. Mientras tanto, otras quedaban olvidadas en el fondo del armario, esperando una ocasión que parecía no llegar nunca.

Quizá a ti también te pasa.

Tenemos opciones, pero recurrimos una y otra vez a nuestras favoritas. Y, aun así, seguimos comprando más.

En mi caso, darme cuenta me ayudó a comprar con más conciencia: priorizar la calidad, pensar cómo iba a combinar una prenda y preguntarme si realmente iba a utilizarla; y más importante aún, si la necesito.

También entendí que no tenía sentido seguir guardándolo todo solo porque en algún momento había pagado por ello. Vender, regalar o donar lo que ya no usamos puede ser una forma de darle una segunda vida y liberar espacio. Porque algo puede haber tenido un precio y, aun así, aportar muy poco a nuestra vida actual.


Los clientes que vuelven

En un negocio, tampoco todos los clientes compran con la misma frecuencia ni generan los mismos ingresos.

Algunos llegan, compran una vez y no regresan. Otros vuelven, recomiendan tus productos y mantienen una relación con tu marca a lo largo del tiempo.

Observar estas diferencias puede ayudarte a comprender mejor qué funciona: qué valoran quienes repiten, qué necesidades estás resolviendo y qué hace que quieran volver.

Esto no significa dejar de atender a los demás. Significa reconocer la importancia de cuidar las relaciones que sostienen el negocio, además de buscar nuevas oportunidades.

A veces, estamos tan pendientes de llegar a más personas que olvidamos prestar atención a quienes ya han confiado en nosotros.


Estar ocupado y avanzar

En el trabajo es fácil que el día se nos vaya entre correos, reuniones, mensajes y pequeñas gestiones.

Todas esas tareas ocupan tiempo. Algunas son necesarias. Pero no todas contribuyen de la misma manera a los resultados que buscamos.

Un analista de datos puede dedicar horas a preparar información, pero una parte importante del valor de su trabajo está en interpretar lo que encuentra y convertirlo en algo útil para tomar decisiones. En ventas, comprender bien la necesidad de un cliente puede ser decisivo para ofrecerle una solución adecuada.

La pregunta es: ¿sabemos cuáles son esas actividades que merecen más atención en nuestro trabajo?

Porque lo urgente suele hacerse notar. Lo importante, en cambio, a veces espera en silencio mientras atendemos todo lo demás.

Identificar qué tareas contribuyen más a nuestros objetivos nos ayuda a reservarles tiempo, incluso cuando hay otros asuntos pendientes.


Las personas con las que compartes tu vida

También podemos llevar esta reflexión a nuestras relaciones, aunque aquí no se trata de calcular porcentajes ni de medir a las personas por lo que nos aportan. Se trata de observar dónde estamos presentes.

Podemos conocer a mucha gente, tener conversaciones a diario y acumular contactos en el teléfono. Pero seguramente hay unas pocas personas con las que podemos hablar sin medir cada palabra, compartir una preocupación o sentirnos acompañados incluso en silencio.

¿Les dedicamos el tiempo que nos gustaría?

A veces, damos por hecho que estarán ahí. Posponemos una llamada, un encuentro o una conversación porque siempre parece haber algo más que hacer. Y, sin embargo, esos vínculos también necesitan atención.

Esta reflexión puede ayudarnos a recordar que la profundidad de una relación requiere algo más que tener a alguien en nuestra lista de contactos.


¿Cómo llevar esta idea a tu día a día?

No necesitas reorganizar toda tu vida de golpe. Puedes empezar por observarla con un poco más de atención.

1. Identifica qué está marcando la diferencia

¿Qué actividades te ayudan a avanzar? ¿Qué hábitos favorecen tu bienestar? ¿A qué merece la pena dedicar más tiempo?

Busca ejemplos concretos en tu propia vida, sin sentir que tienes que encontrar un 20 % exacto.

2. Revisa lo que ocupa espacio sin aportar demasiado

Puede ser una compra que repites por impulso, un hábito que mantienes por costumbre o una tarea que podrías simplificar. No todo se puede eliminar. Hay obligaciones necesarias aunque sus resultados no sean visibles de inmediato. Pero quizá algunas cosas pueden hacerse con menos frecuencia, de otra manera o con ayuda.

3. Haz sitio para lo que has identificado como importante

Reconocer tus prioridades sirve de poco si nunca encuentran espacio en tu agenda. 

Si quieres avanzar con un proyecto, reserva tiempo para él. Si quieres cuidar una relación, busca ese momento para compartir. Si un hábito te hace bien, procura darle continuidad.

4. Revisa tus prioridades cuando lo necesites

Lo que hoy merece tu atención puede cambiar con el tiempo. Tus circunstancias, tus necesidades y tus objetivos también cambian. Permitirte revisar tus decisiones forma parte de vivir con más conciencia.


¿Qué merece más espacio en tu vida?

La regla 80/20 puede ser una invitación a detenernos y observar cómo estamos utilizando nuestro tiempo, nuestra energía y nuestros recursos.

No hace falta convertir cada momento en algo productivo. Descansar, disfrutar o compartir tiempo con alguien también tiene valor, aunque no podamos medirlo en resultados.

Quizá, después de observar tu día a día, descubras que algunas cosas necesitan menos atención de la que les das. Y que otras, esas que siempre dices que son importantes para ti, llevan demasiado tiempo esperando.

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