Es fácil señalar lo que hacen mal los demás. Criticamos a los políticos, a nuestros jefes, a la sociedad, a nuestra familia e incluso a personas que apenas conocemos. Muchas veces tenemos claro cómo deberían actuar los otros, pero rara vez nos detenemos a preguntarnos qué haríamos nosotros en su lugar.
Reflexionar sobre la vida, nuestro entorno y los acontecimientos que ocurren a diario es esencial para nuestro crecimiento personal. Somos seres sociales, y la forma en que pensamos y actuamos influye no solo en nuestra propia vida, sino también en la de quienes nos rodean. Sin embargo, con frecuencia nuestras reflexiones parten de una perspectiva equivocada:
Pero ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar qué haríamos nosotros en su lugar?
Es fácil criticar desde fuera. Lo realmente difícil es cuestionarnos con honestidad cómo estamos contribuyendo a la realidad que vivimos y qué podemos hacer para mejorarla.
El autor y conferenciante Brian Tracy propone cuatro preguntas que invitan precisamente a eso: dejar de mirar únicamente hacia fuera y asumir una mayor responsabilidad sobre nuestra propia conducta.
1. ¿Cómo sería el mundo si todo el mundo fuera como yo?
No respondas deprisa. Piensa en cómo actúas cada día, incluso cuando nadie te está observando.
¿Sería un lugar más justo, amable y respetuoso? ¿O estaría lleno de las mismas críticas, quejas y comportamientos que tantas veces reprochas a los demás?
2. ¿Cómo sería mi país si todos sus habitantes fueran como yo?
¿Sería una sociedad más honesta, comprometida y solidaria? ¿O seguiría enfrentándose a los mismos problemas porque, en el fondo, yo tampoco actúo de manera diferente a quienes critico?
3. ¿Cómo sería mi empresa si todos sus trabajadores fueran como yo?
¿Sería un entorno donde predominan la responsabilidad, el compromiso y el deseo de mejorar? ¿O sería un lugar en el que cada uno hace lo mínimo indispensable, evita asumir responsabilidades y culpa a los demás cuando las cosas no salen bien?
4. ¿Cómo sería mi familia si todos fueran como yo?
¿Sería un hogar donde abundan el amor, la comprensión y el apoyo mutuo? ¿O existirían la misma falta de comunicación, los mismos reproches y las mismas distancias emocionales que tanto me gustaría evitar?
La utilidad de estas preguntas no está en encontrar la respuesta perfecta, sino en obligarnos a mirarnos con objetividad. Cuando respondemos con sinceridad, dejamos de centrar toda nuestra atención en lo que hacen los demás y empezamos a reconocer aquello que sí depende de nosotros.
Vivimos en una sociedad donde resulta habitual quejarse de las acciones de los demás, especialmente de quienes ocupan posiciones de poder. Y es cierto que, en muchas ocasiones, se cometen injusticias y algunas personas utilizan ese poder para beneficiar sus propios intereses.
Sin embargo, hay algo que también he observado con el paso del tiempo. Cuando algunas de las personas que antes criticaban esos comportamientos llegan a ocupar una posición similar, terminan actuando exactamente igual que aquellos a quienes tanto cuestionaban.
Lo justifican diciendo: "ahora me toca a mí". Y ahí es donde comprendí que el problema no siempre es el poder, sino la forma en que cada persona decide utilizarlo. Si perpetuamos las mismas conductas que alguna vez rechazamos, ¿cómo podemos esperar un cambio real?
Si queremos un mundo mejor, debemos empezar por convertirnos en el ejemplo de aquello que reclamamos:
El cambio no ocurre únicamente cuando esperamos que otros actúen de forma diferente. Comienza cuando decidimos asumir la responsabilidad de nuestras propias acciones.
La sociedad no cambia solo cuando cambian quienes tienen el poder. También cambia cuando millones de personas deciden actuar de forma distinta en aquello que sí está bajo su control.
La próxima vez que critiques el sistema, tu país, tu empresa o incluso a tu propia familia, detente un momento y pregúntate:
Si todos actuaran exactamente como yo, ¿viviríamos en un mundo mejor o en uno peor?
Puede que la respuesta resulte incómoda. Pero, precisamente por eso, también puede convertirse en el primer paso hacia un cambio real.
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