¿Cuántas veces has escuchado la frase "no tengo tiempo"?
Probablemente muchas. Es una de esas expresiones que utilizamos casi a diario para rechazar un plan, posponer algo o justificar por qué no hemos hecho aquello que dijimos que haríamos.
Pero, ¿y si muchas veces "no tengo tiempo" no significa realmente eso?
Cuando alguien te dice que no tiene tiempo para algo, no necesariamente significa que su agenda esté completamente llena o que no pueda encontrar un solo momento para hacerlo. Muchas veces, lo que realmente está diciendo es: esto no es una prioridad para mí en este momento.
Y aunque pueda parecer una diferencia pequeña, cambia mucho la forma en la que entendemos nuestras decisiones y también las de los demás.
El tiempo no es algo que tengamos o dejemos de tener. Todos disponemos de las mismas 24 horas al día. Lo que cambia es aquello a lo que decidimos dedicarlas.
Cada día elegimos, de manera consciente o inconsciente, dónde ponemos nuestra atención, nuestra energía y nuestro tiempo. Algunas cosas ocuparán un lugar más importante que otras y, por eso, habrá cosas para las que siempre encontraremos un momento y otras que iremos dejando para después.
Por eso, cuando alguien te dice que no tiene tiempo para ti o para algo que le has propuesto, no tienes por qué tomártelo como una ofensa personal.
No significa necesariamente que no le importes. Significa que, en ese momento, hay otras cosas que ocupan un lugar más alto en su lista de prioridades.
Y lo mismo ocurre contigo.
Cada vez que dices "no tengo tiempo para hacer ejercicio", "no tengo tiempo para leer" o "no tengo tiempo para llamar a esa persona", probablemente estás eligiendo dedicar ese tiempo a otra cosa que, en ese momento, consideras más importante.
Reconocerlo puede resultar incómodo, porque es mucho más fácil decir "no tengo tiempo" que admitir "no lo estoy priorizando".
Pero también puede ser liberador.
Decir "no tengo tiempo para hacer ejercicio" nos coloca en una posición en la que parece que no podemos hacer nada al respecto. En cambio, decir "en este momento, no estoy priorizando el ejercicio" nos obliga a reconocer que existe una elección detrás.
Y cuando reconocemos que estamos eligiendo, recuperamos parte del control.
Esto no significa que siempre podamos hacer todo lo que queremos. Tenemos responsabilidades, imprevistos, obligaciones y momentos en los que, sencillamente, no podemos llegar a todo. No se trata de negar eso.
Se trata de ser honestos con nosotros mismos.
Porque muchas veces no necesitamos encontrar más tiempo. Necesitamos decidir mejor en qué queremos utilizar el que ya tenemos.
Quizá la próxima vez que digas "no tengo tiempo", puedas preguntarte:
¿Realmente no tengo tiempo o, simplemente, esto no es una prioridad para mí ahora mismo?
La respuesta puede ayudarte a entender mejor tus propias decisiones y, también, a interpretar de una manera menos emocional las decisiones de los demás.
Al final, no se trata de cuánto tiempo tenemos. Se trata de qué decidimos hacer con él.
¿Qué te ha parecido este artículo? Me encantará leerte en la sección de comentarios.